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LA MUERTE DE LOS SUEÑOS

En una vieja película, un shaman mexicano dice estas palabras al protagonista: “Vivir es soñar, morir es despertar”. Pero ¿Quién duerme y quién vive? ¿Quién sueña y quién ha muerto? ¿Quién flota en la atrayente fantasía y quién camina en la cruda realidad?

¿Cuántos hemos deseado, en algún momento, que la muerte ponga fin a la pesadilla de la vida de ojos abiertos, y la hemos anhelado; algunos, en una simple actitud expectante; otros, yendo tras ella en un acto, según el cristal con que se mire, lleno de valor, cobardía o irremisible pecado?

Vivir, soñar; morir, despertar. ¿Hay alguna diferencia o son todas distintas caras de la misma realidad?

PROMESA ROTA

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Martín había piloteado el Cessna por años, y aquel era un vuelo de rutina; cosa de un par de horas: llevar la nómina a una finca en la costa sur y volver con las alforjas vacías. Aterrizó sin novedad en aquella pista cubierta de maleza, y unos minutos después reanudó el vuelo sin más ayuda externa que la de una manga deshilachada que indicaba la dirección del viento. Despegó con rumbo sur y luego hizo una espiral para tomar altura, después enfiló el aparato en dirección “4 grados norte”. Las cosas habían cambiado desde que emprendió el viaje en la mañana: el cielo que había estado encapotado, pero con visibilidad razonable, ahora se vestía de un gris casi negro, y el viento que antes había estado muy calmado, azotaba de sur a norte con ráfagas de considerable intensidad. Martín sopesó sus opciones y, sin olvidar la palabra empeñada a su esposa de llegar a casa para la hora del almuerzo, decidió seguir adelante. No se supo más de él hasta que un grupo de exploración encontró los restos de su avión en una hondonada casi impenetrable, en las faldas un volcán extinto. El avión daba indicios de haber estado funcionando correctamente, por lo que todo hacía pensar que Martín se desorientó debido al mal tiempo. Fue imposible determinar si murió al impacto, o quedo gravemente herido después del accidente; lo único evidente -cualquiera que haya sido el caso-, es que el malogrado piloto pasó sus últimos momentos viendo esa fotografía laminada de su esposa e hijos a la que, 12 años después, aún se aferraban sus huesos.

Gustavo Abril Peláez

HILLBILLY ANGEL

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A medida que el sol se aproximaba al horizonte, el cielo se incendiaba matizando de dorado aquella interminable planicie del sur de Texas. Un silbo apacible congelaba mis huesos, y la creciente sombra que, sobre la solitaria carretera, proyectaba el automóvil descompuesto, anunciaba la inminente llegada de la noche.

“Refugio, 25 millas”, se leía en la señal que tenía frente a mis narices; “Victoria, 25 millas” rezaba la que estaba en el sentido opuesto; nada más que soledad en el espacio intermedio.

-Dios, envíame un ángel- supliqué mientras contemplaba, impotente, la belleza del crepúsculo. De pronto y de la nada, rubio, desaliñado y tan alto como una vara, apareció aquel buen samaritano en su pick up desvencijado. Por su acento y su apariencia cualquiera hubiera dicho que era un hillbilly (montañés), yo podría jurar que esa mirada tan pura no era de hombre, sino de un ángel disfrazado.

Gustavo Abril Peláez

COSA DE NIÑOS

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Cuando regresan los días fríos que suenan a campanas y cohetillos, y huelen a pólvora quemada y a pino, me doy cuenta de que la navidad es cosa de niños……. niños como los nueve primos que retozábamos en los corredores de la casa de “La Mami”, -Doña Rosa, mi querida abuela- mientras los tíos, sentados junto al árbol, charlaban sobre cosas de viejos, y las tías, en la cocina, se afanaban preparando el arroz a la valenciana, la pierna horneada y el ponche de frutas. Niños como los que una vez asaltamos a hurtadillas aquella mesa grandota que “La Mami” llenaba de nueces, manzanas rojas, racimos de uvas y tantas otras golosinas, para robar una botella de licor y emborrachar con ella al “Kaíser”-pobre perro- y de paso a Edgar -el primo más pequeño-.

Cuando esta atmósfera cargada de melancolía vuelve, quisiera revivir los momentos en que, a las doce de la noche, la familia entera se abrazaba mientras el Valle de la Ermita celebraba la llegada del gran día. También quisiera volver a brindar con todos ellos, y compartir, otra vez, palabras, viandas y alegría, como siempre lo hacíamos. Pero Doña Rosa ya no está, tampoco están mi padre ni mis tías, Julia y Ana María; todos se fueron al igual que Tito -mi primo más querido-, y se llevaron con ellos esas navidades lejanas que, para mí, seguirán siendo siempre “cosa de niños”.

Gustavo Abril Peláez

FILOSOFÍA DE VIDA Y OTRAS DIGRESIONES

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Yo busco mi propia fórmula para la vida, convencido de que esa fórmula es diferente para cada uno, y no universal como el molde que pretende vendernos la posmodernidad. El colectivo espera (y en algunos casos exige) que me ajuste a ese sentido tan transeúnte de lo “correcto”, con el único argumento del “porque así tiene que ser”, lex dura lex a la que hay que someterse si se quiere seguir integrado al rebaño. Me exaspera que la gente se de pie para imponerme sus clichés y convencionalismos, fundamentándose en su personal concepto del ying yang; ya lo dijo Zaratustra: “He viajado por todo el mundo y no he encontrado palabras más poderosas que bien y mal”. ¡Cuánto sometimiento se puede imponer a los hombres con ese par de vívoras!

Seguramente los que suelen quemar incienso a todas las reliquias del santuario de lo establecido, me condenarían a morir en la hoguera por mi terrible atrevimiento a ser “diferente” y por el exotismo de pretender describir tan insolentemente los “efluvios invisibles de mi alma”. Y es que, mientras más diferente me ven, mas horror les causa darse cuenta de lo idénticos que somos. Es eso, y no otra cosa, lo que me ha convertido en un ser solitario a quien algunos románticos llaman peyorativamente “vividor de recuerdos, fantasías y sueños”, y otros, con menos poesía y encanto, llaman “desadaptado”.

Gustavo Abril Peláez

TE PARECES TANTO

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¡Cómo has llegado a parecerte a quien, una vez, encontró la forma de tomar por asalto mi corazón! Tienes la misma expresión, me miras con sus mismos ojos y tus palabras en mi oído y en mis ojos, tienen el mismo color y el exacto tono. La textura de tus besos se parece tanto a la de aquellos que me hicieron alcanzar tierra firme después de mi naufragio, su sabor es idéntico y su alquimia la misma.

Con todos los detalles y sorpresas que hace tanto tiempo no tenías para mí, has alegrado de nuevo mi vida, como un día lo hizo aquella mujer que imagine perdida en un momento imposible de localizar en el tiempo. Qué extraña ruta me ha llevado a tu reencuentro: Hacer mediar la distancia, irme de tu lado, soltar de tu muelle, por un tiempo, mis amarras.

Te esperaba, Patricia, y reapareciste para entrar de nuevo por esa puerta que nunca ha estado cerrada para ti, y lo hiciste justo en el momento en que deseaba con toda mi alma decirte: ¡Vamos esposa, amiga y amante mía! Emprende con migo esta nueva aventura y quédate a mi lado para hacer brillantes todos y cada uno de los años que nos resten de vida.

Gustavo Abril Peláez

INERCIA

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Vivir sin alma es fácil: ver pasar lo cotidiano sin sentir su inclemencia, oír viejas canciones sin que la mente se aleje, y ver el sol ocultándose sin que se conmueva la entraña. No sentir pasiones es tan simple, tan inocuo y tan trivial que no requiere esfuerzo alguno, se está allí y nada más.

Qué fácil es no sentir cuando el pneuma se ha apartado dando lugar a la existencia involuntaria que se desliza, silenciosa, mientras el reloj marca su paso. Las horas siempre son las mismas y transcurren sin que importe en lo absoluto ninguno de sus momentos……. tan iguales todos. No hay requerimiento alguno cuando nos desconectamos de lo que llevamos dentro; el cuerpo no muere y la mente suple fríamente la fuerza que acciona esos sentidos que, reducidos al mínimo, intuyen un entorno vacuo y frío que se atraviesa como si se atravesara el aire. Cuando desaparece el pneuma, inercia es la palabra clave.

Gustavo Abril Peláez

EL INDIO TABIKE

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Cincelado en piedra el rostro, surcada por mil arrugas la piel; indio descalzo, complexión de roca y frente de buey. A mecapal, mercader del barro, de palabras cortas y estirpe de rey. Cien años de edad, Tabike, solemne confesaba, hincada la rodilla en tierra, sombrero al pecho y al cielo la mirada.

Pesada carga: comal, apaste, olla y tinajón a la espalda llevaba. Robaba pedazos de vida al tiempo, recorriendo la campiña con su paso lento, y andando por aquellas veredas morenas, flanqueadas de blanco algodón, nunca le faltaron las fuerzas, ni la eterna gratitud a su Dios.

Al encontrarnos por los caminos, a mi nombre propio jamás llamó. Un vocablo extraño fue el que siempre, con migo, uso; lengua de ancestral pueblo, fonema irrepetible, palabra con que una vez me bautizó, y cuya traducción castiza: ”GRAN AMIGO” hoy repito a mucha honra, y escribo con el mayor orgullo.

Gustavo Abril Peláez

PÁGINAS EN BLANCO

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Qué habitual se está haciendo esto: abro la laptop, escojo, en el reproductor de Windows Media, una lista que he titulado “música para trabajar”; minimizo, abro Word, y me quedo estático ante este “nuevo documento en blanco”. Durante casi dos años he escrito incesantemente; prácticamente a diario mi alma se ha derramado sobre estas teclas: cuitas, gemidos, introspecciones, vivencias, aventuras, sueños, digresiones, protestas y desilusiones saturaron mi página en Blogger y colmaron el espacio disponible en mi memory stick, ocupando cada Bit.

Hoy, como otras veces, deseo escribir; quiero publicar un post esta semana, pero nada fluye mientras el cursor titila. Me aterroriza pensar que sólo la tristeza, la melancolía, el dolor y la rabia tienen algo que decir; me espanta pensar que la tranquilidad y felicidad son silentes, y que el alma atormentada sea la única fuerza que empuja a ciertos “escribientes” aficionados, como yo. Y es que, aunque las cosas en el trabajo marchan terriblemente y estoy lejos de casa, viviendo solitario en un cuchitril (a decir de otros y a voluntad propia), sofocado en este desierto florecido a fuerza de riego por goteo, me siento amado por ella, y, aunque mi vida no está exenta de problemas, tener en mi haber su amor, hace que mi existencia sea prácticamente perfecta.

Gustavo Abril Peláez

NADA QUE PONERME

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Busco dentro de mi, como quien abre su armario…….¿Qué sentimiento me gustaría llevar puesto hoy? Si estuviera en mis manos escoger el color, la textura y la forma, escogería el que más me guste: uno claro y brillante, de textura suave y ligera…….que me siente bien, que sea adecuado para lucir agradable ante la vista de todos…….uno que me quede cómodo, que no me apriete, ni me quede corto.

No me resta más que decir lo mismo que oigo con tanta frecuencia: “No tengo nada que ponerme”. Me conformaré con el mismo atuendo de sentimientos mal combinados y accesorios que no hacen juego, mientras llega el día en que surja un sentimiento nuevo.

Gustavo Abril Peláez